Cuando la luna quiso descansar un poco, fue un problema encontrar quien tome su lugar, sin ella las noches serĂan oscuras y tristes, pensĂ³ en pedirle al sol, le pidiĂ³ que tome su turno una vez al mes y ella tomarĂa el suyo tambiĂ©n, pero el sol le dijo que su luz era muy brillante para la noche y la de ella muy dĂ©bil para el dĂa. La luna le dio la razĂ³n y siguiĂ³ buscando.
PensĂ³ en pedĂrselo al halcĂ³n, pero le dijo que ella pasaba muy lento por el cielo y el no podĂa seguirle el paso, ademĂ¡s que Ă©l no es blanco.
Se lo pidiĂ³ entonces a la gaviota, ella parece flotar en la brisa marina y es blanca, pero la gaviota le dijo que no era un ave nocturna.
Le pregunto a las nubes, pero ellas le dijeron que en la noche no son blancas.
SiguiĂ³ buscando por todos lados pero todos le ponĂan una excusa. Para no hacerlo
La luna estaba muy triste, ¡ella querĂa un descanso!
Cuando la Luna se iba a poner a llorar, las estrellas se acercaron y hablaron con ella...
“Querida Luna, si pusieses atenciĂ³n y escucharas nuestro consejo, tu podrĂas descansar un dĂa al mes como quieres, y es tan fĂ¡cil que lo logres.
Cada noche desaparece un poquito, pero solo un poquito, hasta que una noche seas solo un rayo de pĂ¡lida luz y desaparezcas la siguiente noche, asĂ podrĂ¡s descansar esa noche y nosotras brillaremos mas intensamente para que nadie te extrañe en la tierra. La luna se puso muy contenta y siguiĂ³ en consejo de las estrellas.
Desde entonces, cada noche la luna desaparece un poco y cuando no la vemos, las estrellas brillan mĂ¡s intensamente y no la extrañamos por esa noche.
— Camilo Torres.

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