miércoles, 30 de octubre de 2013

Poderoso eres, pero
una arenilla,
una pata de una mosca, 
un miligramo de un polvo
entró en tu ojo derecho
y el mundo se hizo negro y borroso.

¡Cuida el ojo!

El ojo, globo de maravilla,
pequeño pulpo
de nuestro abismo
que extrae
la luz de las tinieblas, 
perla elaboradora, 
maquinita rápida 
como nada o como nadie, 
fotógrafo vertiginoso,
pintor francés, 
revelador de asombro. 

Ojo, 
diste nombre
a la luz de la esmeralda,
controlas las leyes de la aurora, 
mides, 
adviertes el peligro,
te encuentras con el rayo de otros ojos
y arde en el corazón la llamarada. 

Como un milenario molusco, 
te sobrecoges al ataque del ácido,
leer nóminas y novelas,
abarcas olas, ríos, geografías, 
exploras, 
reconoces tu bandera en el remoto mar,
entre los barcos
guardas al náufrago 
el retrato más azul del cielo,
y de noche 
tu pequeña ventana que se cierra
se abre por otro lado
como el túnel 
a la indecisa patria de los sueños.

Entonces 
dejaste penetrar bajo mis párpados 
un átomo de polvo.
Se me nubló la vista, 
vi el mundo ennegrecido. 

El ocultista detrás de una escafandra 
me dirigió su rayo 
y me dejó caer 
como una ostra
una gota de infierno. 

Más tarde,
reflexivo, 
recobrando la vista
y admirando los pardos,
espaciosos ojos de la que adoro,
borré mi gratitud 
con esta oda 
que tus desconocidos ojos leen. 
- Pablo Neruda.


Con la tecnología de Blogger.